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Con una cámara-trasto en las antípodas

Visita a Hobbiton Movie Set en Matamata, Nueva Zelanda
Un servidor, retratado por el guía “kiwi” de la excursión a Hobbiton Movie Set, en Matamata, Nueva Zelanda. Sony Digital Mavica MVC-FD81.

En el artículo anterior os presenté una cámara digital bastante peculiar, la primera con la que empecé a practicar en esto de la fotografía: una de las primeras con grabación de las imágenes en soporte externo, y seguramente de las pocas que lo hacían en disquete o floppy disk. Como os conté, usar esta cámara tenía sus particularidades y eso me dejó más de una anécdota, especialmente la única vez que la llevé conmigo de viaje. En esta entrada os cuento un poco de esos momentos.

Mi historia con esta cámara, la Sony Digital Mavica MVC-FD81, empezó cuando se la compré a un compañero de trabajo, a comienzos de 1999. La verdad es que entonces no tenía intención ninguna de adquirir una cámara, ni me lo había planteado. Pero mi colega la quería vender para comprarse una nueva, y me insistió en sus bondades, hasta que al final (iluso de mi!) me convenció. La usé un poco por mi ciudad y mi entorno, cuando empecé a descubrir los placeres y las dificultades de la fotografía; pero tardé tiempo en llevármela fuera y probarla más a fondo. Para cuando decidí hacer mi primer gran viaje, a Nueva Zelanda en 2004, la cámara ya estaba bastante obsoleta, y no tenía otra.

Sony Digital Mavica MVC-FD81
Sony Digital Mavica MVC-FD81

Como decía, esta cámara me dejó unos cuantos momentos impagables, algunos cómicos, y otros no tan divertidos. Por ejemplo, ir de transporte en transporte con las maletas cargadas… con dos cajas de zapatos llenas de disquetes. Imaginad el volumen y el peso extra que supone esto, que al facturar ya de vuelta tuve que pagar un buen pico por sobrepeso, cuando apenas compré souvenires. O imaginad ir por ahí haciendo fotos, por la ciudad o por el campo, cargado con 2 cajas de diskettes en los bolsillos de la chaqueta, y unas cuantas más en la mochila, cada una con 10 o 12 floppies, para ir recargando y no quedarme sin carretes en el peor momento. Eran algunos quilos de más! Mi aspecto a veces era algo cómico, debido a que la chaqueta de turno colgaba bastante por los bolsillos, por culpa del peso. A pesar de esto, de vez en cuando alguien me soltaba lo de “¡qué buena cámara llevas, qué chula!”, sin fijarse demasiado en esos detalles. O talvez si se fijaban, pero no decían nada por aquello del “ah, turistas…”, interiorizado con cierta compasión y bastante humor.

Cajas de disquetes en una caja de zapatos
Ingredientes: 2 cajas de zapatos y muchas cajas de disquetes. Cocción: Llenar las dos cajas con todos los disquetes posibles, y confiar que quepan en el equipaje… sin pesar media tonelada.

El hecho de que los discos se llenaran con 10 o 12 fotos también era un pequeño suplicio. Cuando estás de viaje, y además estás empezando a engancharte a la fotografía, tienes el dedo muy suelto y no puedes evitar quemar el disparador. Los shutterbug que llaman los angloparlantes. ¡Que ya no hay que gastar en carretes y revelados, señora! Esto nos suena… ¿Un pequeño avance de lo que nos vendría más adelante? Y claro, esas ganas de fotografiar chocaban con la capacidad limitada de mis discos. A veces, el cambiar de disco era un frenesí, pero te acostumbrabas. Al final del viaje terminé con unas 1200 fotografías. Haced cuentas de cuántos disquetes pueden ser.

En la parte final de ese viaje por las antípodas, ya volando de vuelta hacia Europa, tuve una escala que me permitió visitar brevemente la ciudad de Sydney (Australia). ¿Qué se puede ver en esta ciudad si sólo tienes unas pocas horas? Os lo cuento en el próximo artículo.

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