El Valle de Ássua es un lugar con una profunda tradición ganadera. Este rincón del Pirineo de Lleida es una de las pocas zonas de la cordillera donde todavía se conserva esta actividad tradicional como forma de vida. En sus cimas, en verano, pacen miles de cabezas de ganado entre ovejas, vacas y caballos.
Cada año, a comienzos de otoño, los ganaderos se reúnen en estas montañas del Pallars Sobirá para recoger un gran rebaño de vacas, que han dejado pastando durante todo el estío en las cumbres y laderas verdes, cerca del literario Barranco de Pamano, y las llevan hasta una llanura a los pies de la antigua estación de esquí del pueblo de Llessui. Allí reunidas, las separan y cada propietario se lleva las suyas para pasar el invierno a buen cobijo.
Más de 1.000 vacas, la mayoría de la raza autóctona Bruna, pasan el verano en estas montañas y son recogidas en Llessui hacia el 6 de octubre, fecha que marca el final de la temporada bovina en la zona.

El pueblo de Llessui al final del Valle de Ássua a comienzos de otoño, visto desde las laderas del Barranco de Pamano
La raza Bruna dels Pirineus, bovino autóctono
La vaca Bruna («morena» o «parda» en catalán) es una raza autóctona del Pirineo, cuyo origen se situa en las comarcas leridanas del Valle de Arán, Pallars Sobirá, Pallars Jussá y Alta Ribagorça, y se remonta a finales del siglo XIX. Proviene de una antigua fusión entre la vaca autóctona catalana y la raza Parda Alpina procedente de Suiza, que influyó en su desarrollo durante todo el siglo XX.
En sus inicios fue una raza para carne, leche y trabajo (lo que se denomina «triple aptitud»), pero con el tiempo se reorientó y especializó hacia la producción de carne, mediante procesos de selección. En la década de 1990 se gestó su reglamento genealógico y se reconoció oficialmente la raza.

Ejemplares de vaca de raza Bruna
La Bruna es una raza bovina de capa morena y de proporciones harmónicas. Es un animal muy rústico y con buena capacidad de pastoreo, que se adapta a zonas entre los 600m y 2.000m. Sus hembras son buenas madres, y su elevada docilidad es apreciada por los ganaderos.
Esta raza se explota en ganaderías familiares, en régimen extensivo, a lo largo de todo el Pirineo y Prepirineo catalán. Ha arraigado profundamente en el territorio, y se ha convertido en un símbolo y pieza fundamental de las zonas de montaña.
La ganadería en Llessui y el Valle de Ássua
El pueblo, al noroeste del municipio de Sort y al final del Valle de Ássua, está situado en una ladera junto a los contrafuertes del Montsent de Pallars, la cima más alta de la región, que domina el valle del río Pamano.
El paisaje de prados de alta montaña que envuelve a Llessui, sin árboles y cubierto de hierba fresca, es ideal para el pasto del ganado. Las características únicas de estas montañas, y sus 4.000 hectáreas de praderas, hacen que sean uno de los lugares preferidos por los ganaderos catalanes para traer sus rebaños en verano.
Además de vacas, este territorio de alimento estival también alberga unos 300 caballos en libertad y un gran rebaño de unas 4.500 ovejas, que es recogido en el Triador de Llessui pocos días antes, alrededor de la festividad de San Miguel (29 de septiembre). En este artículo anterior podéis ver y leer cómo es esa jornada en el Triador con los pastores y las ovejas xisqueta.
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La pista que sube desde Llessui hacia los pastos, bastante aérea y sinuosa, se cruza con el viejo telesilla de la antigua estación de esquí
La mayoría de los habitantes del valle se dedican a la ganadería o al turismo rural como principales (y casi únicos) medios de vida. Algunos compaginan ambas actividades, ya que quien más quien menos tiene algún tipo de ganado, aun contando con pocas cabezas.
Este es el caso de Casa Rogel, un alojamiento rural de Llessui que tuve el placer de compartir con amig@s un par de veces, coincidiendo con las bajadas de rebaños, hace ya algunos años. En una de las visitas, la señora Conxita, propietaria y excelente anfitriona, tuvo la amabilidad de llevarnos en su todoterreno montaña arriba en la mañana de la recogida, aprovechando que tenía sus vacas en las altas praderas con todas las demás.

Subiendo a los pastos
En la mañana de la bajada del rebaño, y durante buena parte de la jornada, la señora Conxita nos hace de guía. Después de una fuerte subida en 4×4, por una pista bastante aérea y sinuosa que se cruza con el antiguo telesilla, dejamos el vehículo en un punto indeterminado, a bastante altitud. Las vistas son impresionantes.
Campo a través, por las alturas peladas, caminamos al encuentro de unos pastores que van tras un grupo de vacas, mientras nuestra anfitriona nos cuenta acerca del transcurso del día y de la vida ganadera.
Para caminar mejor, aprovechamos unos pequeños senderos muy marcados que abundan por doquier: Se trata de los carrerons, centenares de caminitos que suelen discurrir en paralelo y que las vacas llevan creando desde hace décadas, o siglos, al deambular por estas montañas en verano.
1) Detalle de los carrerons, caminitos que las vacas crean a lo largo de los años. 2) Los pastores y animales deben superar algunas pendientes para llegar al lugar de reunión del rebaño.
Tras un rato de sendero, vemos aparecer por encima nuestro, no muy lejos, un gran edificio abandonado; se trata de La Carena, el restaurante que había en la cota 2.000 de la antigua estación de esquí de Llessui.
Después de un buen trecho caminando a nivel, cruzando pequeños torrentes, toca hacer una subida dura, siguiendo el ganado pendiente arriba. Ya en lo alto de un cerro, andamos algún kilómetro más.
Por el camino, encontramos una barraca de piedra seca que los pastores usan para resguarecerse del mal tiempo. Finalmente, llegamos a una cima desde la que se ve, más abajo, la llanura donde se reunirá el rebaño entero para su bajada.

La jornada
Los pastos del Valle de Ássua se encuentran a unos 2.000 m de altitud, bastante por encima del pueblo de Llessui. El día comienza muy temprano para los pastores y ganaderos, ya que los animales están esparcidos a esa altura en un amplio terreno de varios kilómetros, lleno de barrancos, torrentes y pendientes pronunciadas.
Una sola persona se encarga de vigilar a las vacas durante el verano. Este pastor vive toda la temporada en la cabaña del vaquero, La Cabaneta, a unos 1.900m de altitud, y se encarga de comunicar cualquier incidencia a los ganaderos.
La meteorología también puede complicar las cosas: A esta altitud y a principios de otoño, a menudo hacen acto de presencia la lluvia o la niebla espesa, dificultando la visibilidad y el caminar por la montaña.
1) El Montsent de Pallars, la cima más alta de la zona, centinela de los pastos y los rebaños. 2) Las laderas cercanas al Montsent se llenan de hileras de vacas, conducidas hacia el punto de encuentro.
Al inicio de la jornada, el vaquero, desde esta cabaña, reparte por las diferentes cimas y laderas a la treintena aproximada de ganaderos que han subido. Estos las peinan en busca de vacas, para agruparlas poco a poco y conducirlas con cierto orden, hasta el lugar de reunión. Mientras tanto otros esperan ahí, más abajo, después de preparar el lugar con hilo electrificado para cercar el rebaño.
1) La vacada va llegando al punto de reunión conocido como Terres Llargues. 2) Un ternero recién nacido, que no puede caminar aún, ha de ser llevado a peso hasta el lugar. 3) y 4) Mientras el cercado se va llenando los ganaderos se toman un descanso, a la espera del momento de la bajada del gran rebaño.
Este punto de reunión temporal de la vacada, Terres Llargues, es una llanura ancha a media altitud del Barranco de Pamano, a la que se puede acceder con vehículo 4×4 desde el fondo del valle, por otra pista. Allí se van agrupando las vacas en un único y gran rebaño. Cuando han entrado todas, algunos propietarios proceden a identificar y contar las suyas, para ver que no falte ninguna.
A veces, este número se incrementa durante el verano, ya que es habitual que alguna vaca haya parido un nuevo ternero durante la temporada. O también puede pasar lo contrario, y decrece debido a algún animal que enfermó o cayó por algún barranco.
Al finalizar el recuento y darlo por bueno, las ganaderas y los ganaderos se dan un descanso merecido, y se preparan para la bajada del rebaño entero, hasta las afueras del pueblo donde los camiones esperan para cargar.

La bajada
Cuando todo el mundo está listo, y con previo aviso, el cercado se abre por la parte delantera y las vacas comienzan a salir, bajando desde la llanura hacia el barranco. Los ganaderos se reparten por todos los lados del rebaño, para forzar a los animales a ir avanzando y a pasar por el lugar más adecuado.
El gran grupo va recorriendo el barranco, por la pista forestal la mayor parte del tiempo, pero a veces también campo a través para acortar camino. En la retaguardia de la comitiva, los todoterrenos que subieron hasta la llanura vigilan que ningún animal quede rezagado o perdido.

Comienza la bajada. Ver un rebaño tan numeroso de animales grandes es un espectáculo bastante impresionante.
Sin pausa, el rebaño y sus vaqueros van bajando por el valle del río Pamano. En alguna ocasión, alguno de los animales se «cuela» en un lugar peligroso o de difícil acceso y queda atrapado un buen rato, hasta que los pastores consiguen hacerlo salir y continúan con la bajada.
1) Un ganadero reconduce a los animales hacia el valle. 2) La vacada y sus pastores por la pista del barranco de Pamano. 3) El ganado no siempre va por el lugar adecuado, a veces hay que reconducirlo. 4) Llegando al fondo del barranco para cruzar el riachuelo, punto conocido como ‘La Maravilla’.
El recinto de triaje
A un kilómetro a las afueras de Llessui, al pie de las antiguas pistas de esquí y justo al lado de los viejos remontes, se encuentra el recinto donde se separan las vacas. Es un amplio espacio que había servido de aparcamiento de la estación, con algunos edificios abandonados como testigos mudos, que dieron servicio a las instalaciones para las necesidades de esquiadores y turistas.

Toda la vacada de las montañas de Llessui ya ha bajado al fondo del valle, hasta el lugar donde cada ganadero separará las suyas y las cargará en camiones.
En cuanto el gran rebaño está dentro del triador al completo, los propietarios se van moviendo por la vacada y van separando a los animales, uno a uno. La selección suele ser fácil, ya que la mayoría de ganaderas y ganaderos conoce muy bien a sus vacas, sólo con verlas. Detalles como el color del collar, el crótalo del pendiente y la marca de la casa también ayudan a ello.
No todos los rebaños vuelven a casa en camión, los más cercanos se van a pie. Estos son de vecinos del Valle de Ássua, y andando ya sea por carretera o por la montaña, el trayecto sólo les lleva uno o dos días. Es el mismo viaje que realizan a comienzos de verano pero a la inversa.
La realidad es que cada vez son menos los ganaderos que suben sus vacas a pie a las montañas de Llessui. Se estima que sólo el 5% hacen la transhumancia caminando, mientras que la gran mayoría utilizan el camión para los traslados.
1) Algunos ganaderos charlan sobre la jornada. 2) Un propietario contempla cómo se van cargando los animales en los camiones.
Cuando se han marchado estos primeros rebaños, en el triador aún quedan más de 600 animales por separar. Con el paso de las horas, el resto se van separando y cargando en sus camiones respectivos, unos grandes y otros más pequeños. Mientras tanto, el público congregado se divierte observando la intensa actividad. Saliendo del recinto con sus vacas, a lo lejos, la señora Conxita nos saluda.
Poco a poco, el triador se va vaciando. El verano terminó en la montaña, y con él las bajadas de ganado en Llessui. Los rebaños se van a casa a pasar el invierno. El próximo año, de nuevo, volverán a subir hasta aquí para disfrutar de la hierba fresca y de los altos prados.

















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