Cada final de verano, en un rincón poco conocido del Pirineo, numerosos pastores se reúnen para recoger un gran rebaño de ovejas que han dejado pastando durante toda la estación en las verdes montañas del Valle de Ássua, y las llevan a un apartadero ubicado en altura en el pueblo de Llessui. Allí en el triador, tal como se llama el lugar, las separan y cada propietario se lleva las suyas para pasar el invierno a resguardo del duro clima.
Más de 4.500 ovejas pasan el verano en las montañas de Llessui, Saurí y Caregue, pueblos del valle, y son recogidas en el triador más o menos por la festividad de San Miguel, el 29 de septiembre, que marca el final de la temporada y la bajada de los rebaños para su triaje y recuento. Un solo pastor se encarga de ellas durante todo el verano, dándoles de comer y cuidándolas, y varias veces al mes, algunos pastores suben a la montaña para dar un suplemento de sal a los animales y curar los que están enfermos.

El Montsent de Pallars, la montaña más alta y emblemática del entorno de Llessui (Sort), es el centinela de los rebaños en los pastos de verano. Pallars Sobirá, Pirineo de Lleida.
Llessui y el Valle de Ássua
El pueblo de Llessui se encuentra al final de la carretera que sube desde Sort, en el sector de levante de este municipio en la comarca del Pallars Sobirá (Lleida). Está situado a 1.400 m de altitud en una ladera junto a los contrafuertes del macizo del Montsent, dominando el valle del río Pamano. Su situación en la vertiente sudeste del Parque Nacional de Aigüestortes y Estany de Sant Maurici lo convierte en la otra puerta de entrada a dicho parque, junto con Espot, en esta comarca. El paisaje que lo envuelve es el de prados de alta montaña expuestos al viento y al clima, sin árboles, cubiertos de hierba, y alternados con bosques en cotas más bajas. Ofrece unas vistas espléndidas de su entorno durante todo el año.
Llessui y el Valle de Ássua son tierra de pastores. En todos los bonitos pueblos y aldeas del valle se aprecia la profunda tradición ganadera de estas montañas del Pallars, una de las pocas zonas pirenaicas donde todavía se conserva la actividad ganadera tradicional como forma de vida. En este sentido, en el entorno del pueblo se pueden ver los restos de algunas bordas, construcciones de piedra donde los pastores cerraban el rebaño por las noches. Para mostrar cómo era antes esta vida ganadera y cómo ha evolucionado, Llessui cuenta con el Ecomuseo de los Pastores del Valle de Ássua, situado en el edificio de la antigua escuela, un museo tematizado que rinde homenaje a esta actividad del Pallars y de todo el Pirineo. El lugar también es oficina de información turística del valle y del parque nacional.

El pueblo de Llessui al final del Valle de Ássua, visto desde las laderas del barranco de Pamano
Hoy en día, buena parte de los habitantes del valle tiene algún tipo de ganado en su propiedad, ya sea en pequeño o mayor número, que a comienzos de verano sube a los pastos para pasar la temporada con los demás animales. Otra ocupación para los habitantes del valle, muchas veces compaginada con la ganadería, es el turismo rural, que como cabría esperar es cada vez más relevante dadas las dificultades de la vida ganadera.
En definitiva, aquí arriba el pastor, el perro y la oveja son los protagonistas, junto con el paisaje y las estaciones: el invierno para la crianza, la primavera para esquilar el ganado y preparar los campos, el verano para subir a pastar a las montañas, y el otoño para devolver los rebaños a los pueblos.
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El triador de Llessui durante la jornada, repleto de ovejas
Y no solo de ovejas se trata. También se pueden ver por estos altos prados algunas yeguadas y un gran número de vacas bien dispersadas. Estas últimas son recogidas y bajadas a Llessui también cada año, en una jornada parecida a la de las ovejas en el triador, que reúne a numerosos ganaderos y camiones a los pies de la antigua estación de esquí del pueblo; esta actividad se celebra pocos días después de la primera, hacia el 6 de octubre. En este otro artículo con fotografías del acontecimiento os lo cuento.
La oveja Xisqueta
La oveja Xisqueta, también conocida como Pallaresa, es una raza autóctona del Pirineo catalán, que está presente sobretodo en las comarcas del Pallars y la Alta Ribagorça, aunque también en otras regiones del Pirineo y Prepirineo. Es el animal emblemático del Valle de Ássua. Derivada del llamado Tronco Ibérico, es una oveja mediana y robusta, de cabeza pequeña y sin cuernos, con fuerte instinto maternal y habituada a climas fríos. Muy rústica y gran andadora, aprovecha muy bien los pastos, incluso bajo la nieve. Produce una lana blanca de gran calidad, que por desgracia solo se vende básicamente en el estranjero, y en poca cantidad. Su carne es muy apreciada también. Visualmente, se caracteriza por las manchas negras o marrón oscuro que tiene alrededor de los ojos, en las orejas, el morro y las patas.

Oveja xisqueta
Debido al proceso regresivo que ha sufrido desde hace décadas, paralelo al despoblamiento rural, al escaso relevo generacional de la ganadería, y a la transición al turismo como motor económico, en 1995 fue declarada en peligro de extinción. El ganado ovino de los Pirineos está decayendo, pero podría decirse que quien está realmente en peligro de extinción es el propio pastor o ganadero.
Actualmente, la oveja xisqueta está declarada en protección especial. En los últimos tiempos, gracias a algunas asociaciones y a iniciativas sociales, a la concienciación ecológica, al desarrollo del agroturismo, y a proyectos de investigación científica, se está intentando revertir ese proceso: Mejorar el estado de su población, y de paso, la pervivencia misma de la figura del ganadero. Con este último fin, cabe destacar la existencia de la Escuela de Pastores y Pastoras de Catalunya, creada en 2009 y con sede en el pueblo de Rialp, a pocos kilómetros de Sort. Gracias a ella, Llessui es hoy uno de los pocos pueblos de Catalunya donde todavía hay jóvenes interesados en convertirse en pastor.

Anna, conocida como «la pastoreta», fue una de las primeras alumnas de la Escuela de Pastores y Pastoras de Catalunya.
Las marcas: Las casas de Llessui
Desde antiguo, en pueblos como Llessui se crearon marcas o escudos (pictogramas) para identificar a cada casa familiar. En verano, al juntar todo el ganado en la montaña, necesitaban poder diferenciar de quién era cada animal. Así, se decidió marcar cada ejemplar con el escudo de su propietario. En Llessui, esa tradición llegó hasta nuestros días. En el Ecomuseo del Pastor se pueden ver todos los escudos del pueblo, y si subís a ver la bajada del rebaño en el triador, podréis ver las marcas pintadas en el lomo de las ovejas.
Al final de la primavera, antes de subir los rebaños a la montaña, cada pastor pinta sus ovejas con la marca de su casa en la espalda. De este modo, puede seleccionar rápidamente las de su rebaño en el momento del triaje. Antaño, esta marca se pintaba con pez o alquitrán, pero hoy día se hace con pintura o espray. Si el símbolo no se lee bien en el animal, entonces se usan las marcas de la oreja o las etiquetas para identificarlo.
Algunas de las marcas de las casas de Llessui pintadas en las ovejas
La jornada
El triador de Llessui se encuentra a unos 2.000 m de altitud, bastante por encima del pueblo, en un lugar determinado por la tradición. El día D comienza temprano para los pastores y ayudantes que participan en la recogida de las ovejas, ya que hay un buen trecho montaña arriba: Primero en todoterreno (recomendable, sino imprescindible), para llegar a la zona del triador por una pista bastante exigente, y luego, una buena caminata hacia la zona donde se encuentran esparcidos los animales, que puede ser muy amplia y estar bastante arriba. Los asistentes se ponen de acuerdo en repartirse las diferentes cimas y laderas, para peinarlas en busca de los animales.
En los primeros compases, los pastores van agrupando las ovejas que encuentran, con la ayuda de algunos perros. Poco a poco, las encaminan hacia una misma zona, descendiendo en dirección al triador. Algunas ovejas también aparecen por cotas inferiores, y se conducen hacia arriba en la misma dirección. Al cabo de un rato, ya cercanos al recinto, se va creando un único rebaño de miles de ovejas, rodeado de diversos pastores y perros.

En paralelo, mientras el rebaño se ha ido formando, el resto de participantes de la jornada se ha dedicado a preparar los cercados y las puertas del apartadero para que esté listo cuando lleguen las ovejas. Este requiere de algo de mantenimiento cada vez que se usa, ya que es una estructura fija que pasa aquí todo el año a la intemperie.
Cuando las ovejas ya están reunidas cerca del triador, se las conduce hasta la entrada principal situada detrás, en la parte baja de una pendiente (el lugar no es llano), y por ahí van entrando todas a un primer gran recinto cerrado, donde esperarán a la siguiente fase del día. Durante estos minutos de acercamiento y entrada del rebaño, los pastores hablan en voz baja y se mueven con tranquilidad, para evitar que los animales se asusten y puedan producirse carreras o estampidas, que pueden dificultar mucho esta primera entrada. Lograda esta tarea toca parar y desayunar, descansar un poco y coger fuerzas. Las siguientes tareas del resto del día apenas permitirán detenerse.
El equipo del pastor
El kit básico del pastor cuenta con un zurrón y un paraguas, ropa adecuada para el clima y que no importe ensuciar, y unas buenas botas para el barro que se forma en el triador, preferiblemente botas de agua altas y de goma (katiuskas). Como herramienta de trabajo inconfundible, el bastón de gancho (aunque no imprescindible). Y para completar el equipo, algunos «accesorios» útiles: Una jeringa y penicilina (antiguamente un cuerno de vaca lleno de aceite de enebro), algún refresco en lata (antaño una bota de vino), y una navaja.
El Triador
De vuelta al trabajo, y ya dentro del recinto, algunos pastores separan a las ovejas en grupos más pequeños y las guian para acceder al pasillo de madera, la estructura central por donde solo pueden pasar en fila de a uno. Esta tarea se va repitiendo bastantes veces durante unas horas. De este modo, cada propietario va identificando sus ovejas al pasar, mediante el símbolo que tienen pintado, y las aparta de las demás.
Para separarlas y meterlas en sus respectivos recintos, más pequeños, los pastores usan una serie de puertas colocadas a lo largo del pasillo. Cada propietario se coloca en la puertecilla de su cercado: Si la oveja que pasa es suya, este abre la puerta para bloquearle el paso, y el animal entra en su recinto; si la oveja no es suya, cierra la puerta y el animal continua adelante.

(1 y 2). Una vez dentro del triador, los pastores guian a las ovejas en grupos más pequeños para que accedan al pasillo central (3 y 4). Las ovejas van cruzando por el pasillo de una en una, y son separadas a sus respectivos recintos mediante las diferentes puertas. Siempre hay alguna que se quiere colar donde no le toca…
El gancho: cómo se hacía el triaje antaño
Tradicionalmente, el triaje de las ovejas en el Pallars se hacía con el gancho, un bastón de avellano largo y resistente, terminado en una pieza metálica forjada a mano que permite agarrar a la oveja por las patas. Se trata de una herramienta muy antigua, presente en muchos lugares del mundo con tradición ganadera, donde pastoras y pastores la han usado durante siglos para agarrar y manipular las ovejas.
En Llessui, el triaje se hacía con este gancho y sin preferencias por el animal a escoger. Participaban propietarios, familiares, pastores y mozos de las casas. Se agarraba la oveja que pasaba cerca, y se cantaba el nombre de la casa: Si el ganadero estaba presente, venía a buscar la oveja y se la llevaba a su cercado, levantándole una pata trasera y empujando; si no estaba, se dejaba ir el animal y se continuaba con la tría.
Con el paso del tiempo, la adopción de las modernas mangas de triaje ha hecho disminuir el uso del gancho, ya que permiten ahorrar mucho tiempo de trabajo.

Va pasando el día, y los corrales del triador se llenan con las ovejas de cada ganadero. En algún caso, el número de animales de un solo propietario es bastante grande, y al no caber todas en el interior, sus ovejas se sueltan por la última puerta en el extremo superior, ya fuera del recinto. En un momento dado, ya no quedan ovejas que circulen por el pasillo de triaje: Están todas repartidas en los cercados de cada pastor. Ahora, tras una pausa para un merecido descanso, llega la última tarea del día.

Las ovejas se van repartiendo por los cercados del triador a medida que avanza el día
Cuando cada ganadero tiene todas sus ovejas en su corral toca hacer el recuento de las mismas, para confirmar que están todas las que tienen que estar, o ver si hay alguna baja. O talvez, ver algún miembro nuevo del rebaño; no es raro que alguna oveja haya parido en los pastos durante el verano. Este recuento se hace en el mismo momento de sacar a las ovejas de su cercado, ya para bajar hacia el pueblo con su pastor y terminar la jornada.
Cuarenta y ocho, cuarenta y nueve… Cincuenta!!
El recuento final de cada rebaño no es sólo cosa del propietario; como en toda la jornada, todos los pastores colaboran en las tareas. Resulta que al abrir cada corral las ovejas empiezan a salir un poco desbocadas, empujando la puerta con fuerza y formando atascos. Para poder contarlas sin problema el objetivo es que salgan de una en una, sin demasiada velocidad: Para ello, una persona se encarga solamente de eso, de sujetar la puerta con firmeza suficiente para dejar paso a una oveja cada vez, pero sin frenarla demasiado.

Varias personas colaboran en el recuento de las ovejas que salen de un cercado
Llegados a este punto, se produce uno de los momentos más intensos e interesantes del día. Para confirmar que el contaje sea correcto, este lo realizan tres personas a la vez, situadas al lado del que sujeta la puerta. Se pide a todo el mundo presente que esté en silencio, para no distraer y errar en la cuenta… Las tres personas empiezan a contar las ovejas que van saliendo: Lo hacen mentalmente, desde el número uno, señalando con el dedo cada oveja que pasa… De repente, al llegar a una cifra determinada, los tres gritan al unísono: «Cincuenta!!!».

El recuento de ovejas de cada propietario, en silencio y gritando las cincuenta
Y vuelta a empezar desde el uno. Así se van contando, en grupos de cincuenta animales para que sea más fácil. Cuando se cuenta la última oveja del cercado de turno, se hace la suma y así el propietario ya tiene su número confirmado. En ese momento, ya está listo para bajar con sus ovejas, ya sea andando o en algún vehículo, y volver cada uno a su casa y a su redil. Para ayudar con el resto de rebaños que van quedando por contar, siempre hay gente suficiente que colabora en el triador; no sólo pastores, sino también veterinarios, familiares, amigos y otras personas de Llessui y de los pueblos del valle que han subido a participar de este día.
Tratando de hacer salir las ovejas de un cercado para contarlas
Mientras se cuentan los rebaños independientes, otro pastor lleva un recuento global de todas las ovejas del día. Y lo hace de un modo curioso: Con un cuchillo, va haciendo muescas en un bastón tradicional de pastoreo, de los que llevan gancho. Cada muesca indica también 50 animales, y el bastón se va llenando de arriba a abajo con ellas; cuando se llena un lado y hace falta seguir contando, se gira un poco el bastón y se sigue con las muescas en ese lado vacío. Al final, el número total de animales coincidirá con el que empezó el día en las montañas.
1) El pastor Ton de Camp se encarga de hacer las muescas en el bastón, que van dando el recuento de todas las ovejas del día. 2) En un descanso, éste y el veterinario Josep Mª conversan amistosamente.
Poco a poco, los cercados del triador se van vaciando, mientras la tarde avanza. Termina el verano en la montaña, y la bajada del rebaño en Llessui. Hay abrazos y saludos por la faena hecha. Despedidas. Los rebaños pasarán el invierno en las granjas del valle, y saldrán a pastar en los prados cercanos a los pueblos. El próximo verano, volverán a subir a las montañas de Llessui, para comenzar el ciclo de nuevo.















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